Se esconde y vuelve a sí mismo. Llama a su interior. Reclama la atención del espectador. Es una pintura que se contiene a sí misma. Cuadros dentro del cuadro. El eterno retorno. Todo vuelve al punto de partida.
Cinco siglos después, retorna, seduce…mata. Es un enigma trazado en inscripciones latinas, personajes e Historia. Una escena real plasmada en el instante de una pintura. Es “La partida de ajedrez”, óleo sobre tabla del maestro flamenco Pieter Van Huys. Será esta partida, esta “Tabla de Flandes” que da título a la novela, la que inicie una intriga de juegos e inducciones adscritas a la trama detectivesca estilo Sherlock Holmes o Agatha Christie. El pintor traza el resultado. A partir de aquí, a través de unas pinceladas de símbolos y paradojas, los personajes ficticios (los descritos por el autor literario) inducirán las causas.
El juego está en los movimientos, en las palabras, en las hipótesis…”Descartando lo imposible, cuanto nos queda tiene forzosamente que ser cierto”, dice el ajedrecista Muñoz, quien trata de esclarecer el misterio por medio de una jugada invertida. Marcha atrás. En una fluidez policiaca, se van eliminando posibilidades, vidas e incertidumbres.
Un procedimiento lógico se vuelve el contrincante del enigma. Se trata de descubrir lo que tienen en común implícitamente una serie de elementos y explicar por qué todos ellos aparecen de manera simultanea.
Los documentos históricos revelarán que las figuras del cuadro protagonista están enlazados por un crimen. Roger de Arras, el amante asesinado es el caballero que, ya muerto, representa el espíritu de justicia que agita a su amigo, el pintor, Van Huys. Quis Necavit Equitem :quién mató al caballero? Será esta inscripción la que desate el interés por descifrar el contenido de la obra de arte. Ya que los personajes literarios dispondrán de unos datos que les harán interpretar la obra como un acertijo sobre el asesinato de Roger Arras.
El conjunto pictórico termina por conseguir el mismo efecto que pretende el autor de la novela: integrar al observador o al lector en esa esencia con la que cobra vida el Arte. Arturo Perez Reverte (Cartagena, 19519), periodista y escritor, escribe una novela magistral en la que se desliza una conclusión ( intencionada o no) : “el hombre no ha nacido para resolver el problema del mundo, sino para averiguar dónde está el problema”. En “La Tabla de Flandes”, se plasma además, una idea en lo que respecta al Arte en general, de un autor consagrado desde esta creación literaria: en la música (Bach), como en la literatura( Lewis Carrol), como en la pintura (Van Huys), existen claves ocultas, enigmas por descifrar, notas inacabadas, frases con varios sentidos, historias de terror aludidas…Todo un compendio de misteriosas apariciones y desapariciones que buscan la puesta en marcha de la inteligencia humana; la participación de quien tiene en su mente la posibilidad de abrir las puertas del Arte.
Cada uno de los personajes inventados por Reverte -Una bella restauradora, un anticuario homosexual, un excéntrico jugador de ajedrez…-acaban por convertirse en piezas que, sobre el tablero de escaques, son manejadas al antojo del asesino; Un hombre adscrito finalmente a la paradoja del tablero; a esos principios contradictorios de Pármenides: luz-oscuridad, sutil-tosco, ser-no ser…
En fin, una trama calificada, en mi opinión, como apta para jugadores de ajedrez. Y como es habitual identificar el juego sobre los escaques con la investigación policíaca (Edgar Allan Poe lo hace en alguna de sus obras), concluyo en que este libro gustará a todos los interesados en conjeturas, asesinatos grotescos, e intrigas acaudaladas…
Deducción: Un rompecabezas entretenido.
“Y dónde está el final, lo descubrirás cuando llegues a él”(Balada del Viejo de Leningrado)
(Escrito en Salamanca/ Univ de Periodismo)