La población filipina crece a un ritmo vertiginoso.
Cada minuto, tres bebes vienen al mundo. El flujo demografico se eleva a un 3% por año. No es de extrañar, por tanto, que Filipinas posea la tasa de natalidad mas alta del continente asiàtico. La explosion demografica es un hecho(ya lo dijo Malthus en su tiempo). Las previsiones anuncian 150 millones de habitantes para el 2050. Duda: tendra el archipielago los recursos suficientes para alimentar a sus ciudadanos?
La respuesta es evidente si se tiene en cuenta que de los 80 millones actuales, entre 18 y 25 millones viven bajo el umbral de la pobreza. Manila ya da señales de asfixia. La migracion urbana se ahoga en el desempleo. La escasa productividad no puede introducir mejoras. De qué se nutriran entonces los cinco o seis hijos de cada familia filipina? Hoy su unico alimento es la miseria. Llevan una vida fria, humillante, rota a golpes por la indignidad . No poseen derechos, ni atenciones, ni un resquicio de propiedad. Su unica salvacion es creer en la voluntad de Dios. Solo la fe les mantiene vivos. Pasay, Tondo, Quezon City…son algunas de las zonas en las que la pobreza se propaga con mas indecendia. Sin embargo, alli donde la riqueza se alza como un pavo real, orgullosa y absorta en la fortuna y el derroche, entre el lujo y la pantomima, se extiende la Bahia de Ermita: el estigma de la inmoralidad del gobierno filipino.
Ermita es conocida por sus vicios nocturnos, su clinica especializada en enfermedades venereas, sus hoteles, restaurantes y bares al puro estilo occidental. Su bahia, junto al Mar de China, es descartada del infalible business del consumismo. De ahi que su gente sea olvidada, sin refugio ni recursos, junto al hedor putrefacto del mar; alli respiran, duermen y se ganan la vida. Niños y mayores bucean entre la contaminacion en busca de moluscos y nécoras que puedan vender o llevarse a la boca. A lo largo de la Bahia, los deshechos se acumulan. Asi, resuelven hacer de la basura su otro medio de lucha. Pies desnudos corretean sobre los residuos, jugando, tentando una oportunidad que pueda aliviarles la carga de los dias. Forman parte de los tantos y tantos niños filipinos que no decidieron venir al mundo.
Ante tal realidad, los valores humanos de la iglesia se ponen en evidencia. La diocesis filipina defiende la vida, la procreacion y promulgan la « artificialidad » de los metodos contraceptivos, y al hacerlo, permite la existencia humana sin dignidad ni decendia. Sus fieles se retuercen en el infortunio y la desgracia, mientras el clero proclama la compasion y la misericordia… Acaso muestra la iglesia filipina piedad con sus séquitos?
La cuestion es la siguiente: podria el archipielago salir de su impasse si el catolicismo siguiese el ritmo de la realidad economica, social y politica?