Una princesa guanche a la que la vida abandonó en el precipicio del amor. Esa era Tirma, según cuenta la leyenda…
Hoy no es una princesa, y jamás cometería la locura de arrojarse al vacío.
Hoy, al igual que ayer, mañana y siempre, piensa en vivir, en disfrutar de todo porque sí, en contemplar absorta cada rincón del día desde un ángulo positivo. Así es Tirma, así soy yo. Aprovecho cualquier oportunidad como si se tratase de la primera y última. Las experiencias vividas durante estos 19 años me han abierto las puertas y han guiado mis primeros pasos…Las exprimí con tal intensidad que de todas ellas he obtenido siempre un sabor dulce. Hay tan pocas cosas que me produzcan una amarga desazón…
Quizás sea esa sonrisa que siempre llevo puesta la que me sirve de escudo ante una realidad que niego sin parar.
Demasiado real para ser cierto, pienso, y me mantengo soñando…CARPE DIEM! Y los sentimientos se me escapan de las manos…Ojalà fuera más a menudo la razón la luz de mi camino! Soy blandengue como la gelatina y soñadora empedernida. Lo primero quizás todavía tenga remedio ( dicen que el cauce de la vida seca las lágrimas) pero lo segundo no sólo forma parte de mi personalidad, va más allá; no concibo el día sin sumergirme en la mágica noche de los sueños. Soñar es vivir, y vivir es una experiencia grandiosa, sorprendente, misteriosa, única…
Por eso no quiero callar; necesito hacer llegar la belleza a quienes viven en ella pero no alcanzan a percibir el abismo de su plenitud. Amo la palabra. Ella es lo único eterno. Con ella puedo revivir pasados, crear mundos ausentes e imaginar cuentos lejanos. La eternidad de las palabras me acerca a lo único verdadero, la familia. La amistad es sincera, pero no siempre verdadera. He depositado mucho, he dado tanto cuanto soy y se me ha ofrecido tan poco…
Es ese cariño incontrolable que siento por los seres más cercanos lo que me infunde más y más ansias de vivir y me recrea e un fulgor de ilusiones. La lectura me permite respirar el aire de otros mundos. Me salva del desconcierto y me consuela.
Vazquez Figueroa me transporta a los paisajes más bellos, y me pone en contacto con las gentes más humildes. Antonio Gala supone una evasión hacia el tierno paraíso de los sentimientos.
Hoy he despertado el resplandor de palabras de escritores sudamericanos como son García Marquez, Vargas Llosa e Isabel Allende.
Me queda tanto por descrubrir…
Mi mirada os desvelaría cada resquicio de este frágil y enamoradizo corazón.
Un torrente de diáfanas aguas se deslizan, conocedoras de su destino, sobre mi ser.
Tirma BENITEZ FORNIES
SALAMANCA, 11 de noviembre de 1997