En la antesala de la vejez

Al llegar a la residencia me fijé en lo retirada que estaba del centro neurálgico de Boulogne. Advertí también el logotipo de ADOMA en la entrada (en latin : ad-hacia y domus-hogar) nueva razón social de la antigua SONACOTRA, Sociedad nacional de construcción de  viviendas para los trabajadores,   que  se  desarrolló en Francia entre ­ 1965 y 1975 para acoger a los obreros masculinos provenientes sobre todo del Magreb ( Argelia, Tunez y Marruecos) .

Estaban  sentados en silencio, en los bancos del patio exterior, esperando « la tertulia de tarde » y la merienda que la asociación « Les petits freres de pauvres » les había prometido y anunciado unas semanas antes a través de un cartel (que muchos no pudieron leer a causa del desgarrador analfabetismo). Eran por lo menos 10 hombres de entre 50 y 60 años.  La merienda no tenía por objetivo  mitigar el hambre , pues aquellos hombres de temprana jubilación, en su mayoría argelinos, no sufren el infortunio de la miseria.  Muestra de ello era su aspecto impecable. Algunos portaban sombrero, e incluso un pañuelo en el cuello con una elegancia admirable. Lo que esperaban era realmente la tertulia que acompañaría la merienda; la aguardaban como una actividad excepcional propuesta para aplacar el tedio cotidiano.

Así lo constaté cuando ellos mismos nos contaron que desde que cerraron la cafetería de la residencia, ya no disponen de un espacio común en el que poder conversar, jugar a las cartas o simplemente  « pasar el rato ». Se sienten faltos de actividades. Ni siquiera han atravesado el umbral de la vejez  y ya no tienen con qué ocupar su tiempo  ni saben cómo sortear el abismo de la soledad. 

Nos instalamos en una de las salas de la planta baja, fría y de luz tenue. Acomodamos las mesas y sillas y les rogamos se sentaran mientras nosotros preparábamos el te, los zumos, abríamos los paquetes de pastas y  partíamos el bizcocho de chocolate. En aquel instante uno de los hombres replicó en un tono de protesta que él no estaba cansado y que no quería sentarse y  a continuación espetó; « est-ce que vous faites ça pour nous ou pour vous ? » es que hacéis esto por nosotros o por vosotros ? El responsable de la misión aprovechó la interpelación para explicar a los ahí presentes el trabajo de la asociación « les petits frères… » (Conocida como « Federación amigo de los mayores »  en España) Aclaró que la asociación es una organización de voluntariado que acompaña a las personas mayores y subrayó que entre las actividades de la asociación, además del acompañamiento a domicilio,  se encuentran las tertulias de tarde como la de aquel día. La pregunta de aquel hombre me hizo pensar en la desfachatez de nuestra sociedad, en la que prima cada vez con mayor fuerza el interés individual y, en la que tanto se desconfía de la filantropía. El altruismo se encuentra, sin lugar a dudas,  en vías de extinción, de ahí que aquel hombre dudara del desinterés de la asociación y de sus voluntarios. Y es cierto, que,  bajo cualquier actividad voluntaria puede encontrarse un aliciente personal, lo que no equivale forzosamente a un interés individual.

Entre los voluntarios había una joven de origen argelino que además hablaba árabe y cabili (lenguaje de la mayoría de los hombres presentes ese día, originarios de la región de Cabilia, en el noreste de Argelia), lo que facilitó el primer contacto con el grupo. Muchos de ellos no hablaban muy bien el francés, pero aun así, conseguimos entablar una conversación  amena durante la cual nos relataron sus condiciones de vida en la residencia, el trabajo en la fábrica de Renault en Boulogne durante más de 35 años y otras de sus muchas vivencias en Francia.

Escucharles era asistir a un capitulo fundamental de la historia francesa, como fue la ola de inmigración argelina tras la segunda guerra mundial y sobre todo la necesidad del estado francés de obra de mano barata  tras la Independencia de Argelia (Acuerdos d’Evian en 1962)

Como ellos mismos nos contaron, cuando llegaron a Francia (casi todos a principios de los años 70), se les consideraba una población pasajera. Ellos mismos no tenían mayor pretensión que la de quedarse un año o dos a trabajar. En ningún momento se les pasó por la cabeza la posibilidad de quedarse 30 o 35 años como obreros en las fábricas francesas! Era algo impensable. Más aun sabiendo que dejaban atrás familias enteras..  Cada año pensaban que era el último…y de este modo el regreso se aplazaba sine die.

De ahí que por aquel entonces la intención de asociaciones como la Sonacotra, no fuera la integración de la población inmigrante que persiguen  hoy en día las políticas migratorias, sino la acogida temporal de la inmigración obrera. El hecho de que el 96% de la población atendida por la Sonacotra en 1973 fueran hombres solos que habían dejado a la mujer en el país de origen, muestra la ausencia de integración en la sociedad francesa de la población inmigrante .

Por otro lado, en lo que respecta a las condiciones laborales, parece ser que Renault los trató bien. Nos hablaron de compensaciones de índole laboral y de otras ventajas pero sin entrar en detalles.  Sin embargo, quienes no tuvieron la « fortuna » de trabajar en esta empresa estatal, debieron ejercer empleos precarios y esporádicos, en los que trabajaban a destajo. Igual de precarias son actualmente las condiciones de vivienda en el foyer (residencia). Los cuartos  apenas  alcanzan los 7 m2, y  la ducha y el baño son compartidos. Además, existe una sola cocina para dos pisos. Cuando les preguntamos si tenían televisión en el cuarto, uno de los hombres se levantó de su asiento con ímpetu de queja y nos pidió que le siguiéramos. Nos quería mostrar la  sala de “estar” que habían acomodado para ellos. Una gélida sala medio vacía con unas cuantas sillas y una televisión mediana tirando a pequeña en la que ningún telespectador, ya sea joven o anciano, podría distinguir con nitidez la imagen. Sentí escalofríos. También nos quiso transmitir sus protestas sobre la falta de intimidad que existe en cada cuarto,  pues las paredes están tan mal aisladas que cualquier ruido del vecino es audible: nos dijo que incluso la apertura de la cremallera de una chamarra se escucha al otro lado del tabique…Ni qué decir tiene de las visitas del exterior a los residentes y/o de las llegadas de éstos a la madrugada…

Seguimos conversando durante más de dos horas que me parecieron minutos.

Todo lo relatado me dejó sin palabras. Había comprendido que el estado francés los había tratado bien durante los años en los que habían sido útiles al país, y ahora, casi 40 años después, ya retirados , y fatigados por años de trabajo,  se les abandonaba a su suerte,  en la desoladora antesala de la vejez.

 

23 de octubre de 2009

Tirma BENITEZ FORNIES

Próximo encuentro el viernes 27 de noviembre

“El secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad.”

 Gabriel García Márquez

Publicado en  on Octubre 24, 2009 at 3:26 pm Dejar un comentario

El URI para hacer TrackBack a esta entrada es: http://viajaresfundamental.wordpress.com/2009/10/24/2441/trackback/

Canal RSS de los comentarios de la entrada.

Leave a Comment