Desde el avión descubrimos un paisaje desolador. Pura sabana. Terreno árido. Vegetación ausente. Hasta que llegamos al rio Zambeze, donde tomamos un barco para deleitarnos frente a un espectàcular atardecer africano.
Sentí un “dépaysement” total!
Sol espectacular. A bordo del barco pudimos obervar hipopótamos y cocodrilos.De camino al muelle, nos topamos con un enorme BAOBAB. Precioso! Aunque el arbol que me sigue impresionando màs es la Ceiba, de México.

Los niños africanos son la esperanza de un continente que se retuerce en la misera màs tenaz. Son la sonrisa frente a la adversidad. Sin embargo, la inocencia y el candor de estos niños se apagaràn ciertamente antes de terminar la infancia; la realidad traerà consigo el espanto y el fin de la ingenuidad.











