COLLAGE VITAE

‘He esparcido mis sueños a tus pies; písalos con cuidado, porque son mis sueños’. (William Butler Yeats)

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POBRE DE ÉL

Posted by sinparardeviajar en julio 8, 2010

 

Oscuridad casi total. Frio. Humedad.Silencio absoluto. El sutil aroma del incienso evoca la santidad del recinto.  Sólo los dos pañuelos rojos que penden de la estrecha bóveda irrumpen con una nota de color en el sepulcro, transportándonos más de 1000 km hasta la plaza del Ayuntamiento de Pamplona, donde un exultante gentío se prepara para recibir las fiestas de San Fermín.

Amiens, capital de la Picardía, región del norte de Francia.

¿A quién  pertenecerán los pañuelicos colgados en la cripta de Saint Acheul, en donde fue sepultado el patrón de Pamplona? Quizás a Lara y Javier, quienes quisieron inmortalizar su paso por la cripta del protector pamplonés grabando en la piedra: “Visita de dos españoles de Navarra”

Son las 12 PM Puede que ambos navarricos se encuentren ahora inmersos en la eufórica muchedumbre que grita al unísono: ¡Viva San Fermín! El fulgor del chupinazo se cuela por un instante en la catacumba. Es la luz de un recuerdo.  Acaso el único testimonio de devoción de los navarros por San Fermín en la tierra que lo vio predicar y morir.

¡Cuán solitario parece el par de pañuelos de la cripta de St Acheul comparado con los millares de ellos que se agitan entre el champán y jarana frente a la casa consistorial de Pamplona!

Escenas tan dispares que, sin embargo, comparten  una misma leyenda: la de San Fermín, primer obispo de Amiens y patrón de los pamploneses.

La ciudad francesa rinde homenaje a su patrón el 25 de septiembre, fecha en la que se transforma en mártir al negarse a abjurar de su fe y ser decapitado tras convertir a más de 3000 paganos al cristianismo, hacia el año 303, en una época en la que la ley romana prohibe bautizar, rezar y oficiar en nombre del “Hijo de Dios”.

Cuenta la leyenda que los pañuelos rojos que los pamploneses se anudan al cuello durante las fiestas de los san Fermines en Pamplona simbolizan la sangre derramada por la decapitación del obispo de Amiens.

Tras los prodigios realizados por el santo y la devoción suscitada, vox populi dixit, el gobernador romano Sebastián Valeriano decide recuperar el cuerpo decapitado de San Fermín y otorgarle una sepultura digna en la planicie Abladena, a unos 100m del actual sepulcro, donde se erigió la primera iglesia de la ciudad.

Arrasada por las sucesivas invasiones, el sitio en el que se encontraba la tumba se dio por perdido hasta que, en  el siglo VII, San Salvio, el entonces obispo de Amiens, guiado por una intensa luz, descubre el lugar en el que se hallaba enterrado San Fermín.

 

En el interior de la cripta actual, el Sr Gerard Coquot, de la parroquia de St Acheul, quien nos  acompaña durante la visita al sepulcro, insiste sobre la preeminencia del santo mártir en la pequeña catacumba, en donde el nicho en el que reposa San Fermín “está realzado gracias a su emplazamiento aparte” en relación con los otros 4 sarcófagos de desconocidos difuntos. Relevancia contrastada con el simple trozo de papel escrito a mano con el que se indica la ubicación exacta donde algún dia reposó San Fermín.

El parroquiano francés nos explica que antiguamente, “como rito de iniciación,  los nuevos obispos debían pasar toda la noche retirados en la cripta antes de su nombramiento” pero, hoy en dia, puntualiza “los obispos permanecen tan sólo unas horas en la cripta rezando” antes de la ceremonia de ordenación y toma de posesión en la iglesia.

 

Los episodios de mayor misticismo en la leyenda del mártir, la exhumación del cuerpo y su traslado a Amiens al lugar en el que hoy se alza la mayor catedral gótica de Francia, están ilustrados en los relieves de la catacumba, cuya narración  hubiese sido imposible, debido a su avanzado deterioro, sin la ayuda del Sr Coquot. Según la tradición, al abrir el cenotafio del primer obispo de Amiens, una deliciosa fragancia floral se propaga por el aire con tal intensidad que alcanza las provincias vecinas.

 

El desplazamiento del cuerpo del mártir a Amiens, por iniciativa de San Salvio, quien decide trasladar una urna con parte de las reliquias (algunas fueron llevadas a Pamplona) a un lugar de mayor preeminencia en el centro de la ciudad, tiene lugar un 13 de enero. Según cuenta la leyenda, en pleno mes de invierno los árboles florecieron al paso del catafalco y el clima se temperó. Los  milagros se contaron por miles durante la travesía.

 

Notre Dame d’Amiens:  florón del culto a San Fermín

 1220. Siglo XIII- centuria de catedrales en la que el rayo de luz mediador entre Dios y el hombre atraviesa los altos vitrales y en la que la ostentación es el súmmum del encomio al ser creador;  en pleno apogeo del gótico, el opispo Evrar de Fouilloy coloca la primera piedra de la catedral de Notre Dame d’ Amiens.  En el mismo lugar en el que reposaba la sepultura de San Fermín y en donde hoy se encuentran la mayor parte de las reliquias del hijo prelidecto de Navarra.

Con una superficie de 7700 metros cuadrados , una altura de 42,30 m y  un volumen de 200. 000 metros cubicos ( ¡lo que equivale a 2 veces la catedral de Notre Dame de Paris!), la Catedral de Amiens es el mayor templo gótico de Francia.

Historiador y encargado del Archivo de la Diócesis de Amiens, el Sr Aurelien André,  nos recuerda el papel trascendental que tuvo San Fermín en la historia de Amiens y señala, para ello, el pórtico dedicado al primer obispo de la ciudad en la fachada occidental de la Catedral. En los relieves del tímpano se narran pasajes de lo ocurrido el 13 de enero, día del descubrimiento de su cuerpo y traslado de su sepultura a Amiens. En el parteluz surge la imagen del mártir de cuerpo entero y bajo sus pies,  Rictiovar, el prefecto romano que lo denunció en 303 seguida por la escena de la decapitación y de la subida inmediata de su alma al cielo.

 Testimonio del culto que se le rinde en la Edad Media es su propia ubicación en la catedral, y es que como precisa el historiador francés, San Fermín se halla situado nada menos que  junto a dos figuras preeminentes de la liturgia católica, como son el  “Bon Dieu” (“Buen Dios”)  en el pórtico central y la “Mère Dieu” ( “La madre dios”) en el pórtico de la derecha.

 Sin embargo, hoy en dia, San Fermín es en Amiens, un “ilustre desconocido”. Así lo demuestran los testimonios de la gente con la que nos encontramos en la capital picarda en pleno chupinazo pamplonés.

Preguntar  por el patrón de la ciudad francesa es toparse con respuestas como la que nos dieron una madre y su hija,  oriundas de la región,  a la entrada de la catedral: “La verdad es que no somos las personas indicadas a quienes hacer ese tipo de preguntas”.

Parece ser que, en cuanto se menciona a un Santo, los franceses, guiados por su tradicional laicismo, piensan inmediatamente en la institución eclesiástica, y no dan cabida al interés histórico por las leyendas propias de su ciudad, representadas en la mayor catedral del país galo. 

El joven Gérarld Moreau, profesor de castellano, nos cuenta que fue un amigo suyo español, de Tudela, quien le hizo descubrir la existencia de San Fermín en la catedral de Amiens. A pesar de vivir en Amiens, Gérald ignoraba por completo la figura  del santo y su proyección en la catedral.

Jacques, dependiente en la tienda de productos regionales situada frente a la catedral, declara ufano: “ A mi no me intersa lo relacionado con los santos. Yo voy al PMU ( apuestas de caballos) en lugar de a la iglesia”

 

Decidimos entrar en la catedral, lugar seguramente más propicio para encontrar devotos del santo pamplonés.

 

En la girola o deambulatorio , espacio que rodea el altar mayor, y donde pueden transitar los fieles, un grupo de ancianos se detiene frente a los nichos con relieves polícromos del siglo XVI , donde, como nos explica el historiador Aurelien André, son narrados: la entrada a la ciudad, la predicación, los bautizos, el arresto y la decapitación de San Fermín. 

“Somos de Normandia”, responden los ancianos y  “sabe usted, la gente conoce más bien al santo de su región”. 

Un par de parisinas asegura,“no tenemos ni idea de quién es ese santo. Nos  paseamos por la catedral pero sin hacernos demasiadas preguntas”. Cuando se les inquiere sobre San Fermín, una pareja de Beauvais, en la región de Picardía, afirma “estamos simplemente de visita” Lo que traducimos por, como no venimos de Amiens desconocemos la leyenda sobre su patrón…

 

El contraste entre el fervor del pasado y el desinterés y la indiferencia presentes, es aun más flagrante, si cabe, al descubrir que San Fermín no solamente cuenta con un pórtico a su nombre y varios relieves en la catedral, sino que además, sus reliquias reposan en dos espacios de carácter sagrado dentro de la catedral : el coro, junto al altar mayor,  y el tesoro. Reliquias custodiadas, cuyo acceso está vedado al pùblico. Bajo palio… y bajo llave.

Nuestro guía nos autoriza la entrada. Nos sentimos privilegiados frente a los feligreses o turistas que deambulan por la girola, ignorando lo que encierra la puerta de acceso al altar mayor.

Y es que, el fémur de San Fermín se halla celosamente protegido en el coro por un relicario de oro del S.XIX ( el original fue fundido durante la Revolución francesa) junto con los señoriales estalos o asientos del coro,  testimonio del apogeo del gótico flamígero, y uno de los mejor conservados de Francia. Observamos perplejos la reliquia de San Fermín y el eminente lugar que se le ha acordado en la catedral.

 

Nos despedimos con una confesión del archivista francés: “la osamenta del protector pamplonés no despierta el menor interés en Amiens”;  sabe usted, aqui no estamos en España”.

 

Monsieur André ignora que, en Pamplona, el chupinazo ha dado rienda suelta al ferviente deseo de juerga  de los navarricos  y lo único que cuenta ahora es divertirse.

Mientras tanto, en la cripta de Saint Acheul, el cirio de la catacumba se consume lentamente y la oscuridad total se cierne sobre el sepulcro del santo. El rojo festivo de los pañuelicos se apaga para transformarse en el rojo lúgubre de la sangre vertida por un mártir cuya leyenda hoy nadie  recuerda.

Pobre de él: abandonado en su fria, oscura y húmeda sepultura…   

Tirma BENITEZ FORNIES

Amiens, 6 de julio de 2010

Para leer el artículo en la pag web del Diario de Navarra pinchar aqui:

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Como tantas otras veces me siento frente a una mesa con este arma de liberación que es para mí el bolígrafo, sin saber muy bien cómo empuñarla y forcejear con los sentimientos y los secretos de este a veces enemigo que se llama Corazón, de este compañero que me da la vida y me la arrebata a placer, sin piedad, señoreando mi existencia hasta infringir el sutil límite de la cordura.

Empuño el arma hasta creaar tensión en mi mano; me dispongo a verter en esta lucha todo mi ser, pues está en juego la tranquilidad de verse libre de esas cadenas invisibles que aprisionan más que un par de oxidados grilletes. Me juego todo y no me importa; me creo valiente, pero también soy consciente de que el combate es cuerpo a cuerpo: o yo, o ÉL; uno de los dos no verá la luz de un nuevo día.

Comienza el primer asalto. ¿el campo de batalla?: un folio en blanco que se abre ante nosotros ofreciendo su espacio para ver derramarse la sangre en cada letra, en cada expresión, en cada una de esas ideas con las que creo arrancar de mí lo que siento, lo que vivo, lo que me hace vibrar y zozobrar en la barcaza de la vida…! Lo que soy!

ÉL me asesta el primer golpe: un latido fuerte y firme que estremece todo mi cuerpo tratando de recordarme que sin ÉL no soy nadie, que sin ÉL la vida fluye, pero no cala. La herida no es profunda; me recupero del ataque con la razón modelada en forma de palabras que argumentan y me convencen de que vivir sin ÉL aún es posible y , además, necesario, pues su presencia ahoga mi serenidad en mares de incertidumbre, en océanos de dolor, en abismos de pasión frustrada.

Me encaro con ÉL  de nuevo. Esta vez sus latidos vienen acompañados de algo más: su ritmo pronuncia un nombre que, quizás, ¿me hace estremecer? La puñalada, ahora, me rompe el equilibrio, me hace perder la entereza de argumentos anteriores, pero aún así, con un esfuerzo sobrehumano logro sobreponerme y hago a mi arma de defensa verter tinta a raudales, plagando este particular foro de letras y frases que me sosiegan y convencen de que el Amor, a fin de cuentas, es una pieza más de este mal sueño. Me auto convenzo, pero mi inicial entereza flaquea ante el enemigo ; pierdo fuerzas ; me debilito ; me canso, jadeo…; me relajo por unos momentos tratando de recuperar el aliento.

De repente, en este breve pero alentador relajo, distraigo mi atención un segundo y mi adversario, hábil y confiado, se abalanza sobre mí a traición y por la espalda y me engulle con la seguridad de quien se bate en una afrenta que siempre supo ganada; me asesta la puñalada mortal y definitiva marcando el ritmo de sus latidos con ese nombre, y con él, me transporta a sensaciones y sentimientos que me invaden y se me desbordan del pecho sin que pueda restañarlos de modo alguno.

Uno de los dos debía sucumbir al deshonor, y soy yo quien yace en el campo del folio sin argumento que esgrimir; la tinta de mi arma, disecada, guardará para siempre la intención de rebatir, pero no habrá palabras que moldear porque esta vez de nada servirán.

Soy y siempre seré Reo Eterno de un enemigo, mi Corazón, a quien me enfrenté altiva y decidida, pero con armas desproporcionadas; un enemigo con quien libré la batalla del orgullo en el campo del papel; un enemigo a quien traté de doblegar empuñando un bolígrafo que emanaba tinta y argumentos inútiles; un enemigo que me poseyó y me poseerá mientras viva.

Soy Reo Eterno de esta eterna condena que es acoger en mi interior a un enemigo de quien no puedo liberarme y es enemigo porque así se llama a quien hace sufrir sin piedad, aunque en ocasiones su existencia te haga sentir plenas emociones, porque así se llama a quien te ata coartándote la libertad de no sentirse sometido a nada.

Soy Reo y es para siempre, porque luché y perdí. Y, aunque reconocerlo sea la más grande de mis derrotas, he de hacerlo; le debo mi público reconocimiento.

 

ÉL SOY YO,  Y SIN ÉL NO SOY NADA

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